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Los pacientes mexicanos

En México, la atención de la salud siempre ha sido un factor importante en la confección del modelo de Estado y la definición de las políticas públicas. Durante el porfiriato, la lucha por mejorar las condiciones sanitarias para los mexicanos era señal inequívoca de modernidad. La administración federal y los gobernadores construyeron los servicios coordinados de salud pública y articular una red de hospitales públicos, mientras que la Iglesia, en buena medida, y la beneficencia privada abarcaron los flancos inatendidos, como los orfanatorios, las clínicas para atender a enfermos visuales, los manicomios y las casas-hogar para ancianos.

La edificación de un proyecto sanitario de carácter federal transcurrió con lentitud. Desde la perspectiva oficialista, el punto de quiebre ocurrió con la llegada del general Gustavo Baz Prada a la Secretaría de Salubridad y Asistencia, en el sexenio de Manuel Ávila Camacho. El médico militar, combatiente en la Revolución en las filas zapatistas, tuvo una incipiente carrera política –gobernador del Estado de México y rector de la UNAM– antes de reconstruir el aparato de salubridad pública estatal.

Las pandemias, entonces, eran el paludismo y la oncocercosis. Y entonces México era más rural que urbano. Los gobiernos postrevolucionarios asumieron plenamente el cuidado de la salud de la población y el saneamiento del territorio nacional, con un enfoque de atención a las comunidades marginadas, más que a los pueblos originarios. Las campañas nacionales, la construcción de infraestructura hospitalaria y de centros de salud, la creación de institutos nacionales para la atención e investigación de padecimientos y las primeras instituciones de seguridad social para los trabajadores, fueron pasos sucesivos en la edificación del proyecto.

En 1952 fue erradicada la viruela en México. Tres décadas después, la poliomielitis, el sarampión y la tuberculosis se convirtieron en enfermedades proscritas. Las campañas de vacunación dieron paso a una férrea estatal política de control natal que a mediados de las década de los setentas, del siglo pasado, frenó la expansión demográfica y modificó para siempre el modelo familiar.

Eran los tiempos del boom petrolero y el modelo de desarrollo estabilizador. Factores exógenos también obligaron al gobierno mexicano a modificar su política sanitaria. Las guerrillas en Centroamérica propiciaron una migración que afectó principalmente a Chiapas y Tabasco.

Las enfermedades de la pobreza en primera instancia, pero también los padecimientos infecto-contagiosos y los crónico-degenerativos han tenido que integrarse en la construcción del proyecto sanitario que en las épocas recientes ha debido incorporar un enfoque de derechos humanos. La Atención de la Salud es una obligación del Estado mexicano.

El ciudadano, visto como paciente. Y la atención de sus necesidades requiere la participación de diversos actores, que van desde grandes empresas, gobierno, hasta pequeños productores. Al parejo del aparato institucional ha surgido un una industria farmacéutico cambiante y competitiva.

Actualmente, el gasto de bolsillo del paciente (gasto privado pagado por el consumidor) ha disminuido por varios motivos, entre ellos destacan la presencia de medicamentos genéricos en el mercado, que son más accesibles en precio y al mismo tiempo provocan que los demás integrantes de la cadena de distribución bajen sus costos, el aumento de laboratorios y fabricantes que compiten, más producción de medicamentos genéricos de fabricación nacional que productos de importación, entre otros. Todo lo anterior derivará en un futuro con una mayor penetración de medicamentos genéricos en el mercado, representando un gran ahorro para las millones de familias mexicanas y provocará que los demás fabricantes, distribuidores y puntos de venta, mantengan márgenes bajos y competitivos.

En todas las industrias existe competitividad y el sector farmacéutico en México no es la excepción, la industria farmacéutica constantemente abre la posibilidad de integrar nuevos participantes: nuevos fabricantes, nuevos distribuidores, nuevos puntos de venta con el fin de fomentar la competencia y beneficiar a los consumidores. El papel del gobierno y de instituciones reguladoras como la Cofece, propicia cada vez más que nuevos jugadores brinden mejores opciones a las familias mexicanas.

En los tiempos actuales, los debates en el sector van al límite. Un ejemplo: hace unos meses, en la Cámara de Diputados, una fracción perredista presentó una iniciativa que busca despenalizar la eutanasia activa en México. Y es que datos del sector salud en México indican que unas 88 mil personas (unas 60 veces la capacidad del Hospital General de México) viven con dolor por enfermedades en etapa terminal, de las cuales el 90% no tienen acceso a medicamentos paliativos.

En el transcurso de más de un siglo se ha visto la evolución del sector salud de acuerdo con las necesidades de la población y a las tendencias globales de atención. Organizaciones públicas y privadas, como PwC México, han ido de la mano con esta evolución ofreciendo alternativas que puedan adecuarse para ayudar a resolver las necesidades de la población en cuanto a infraestructura y tecnología para la atención médica de calidad.

Alberto Aguirre Montalvo

Autor de la columna SIGNOS VITALES que aparece de lunes a viernes en la sección Política y Sociedad del periódico El Economista, de la Ciudad de México.

Es licenciado en periodismo y comunicación colectiva, graduado en la Escuela Nacional de Estudios Superiores “Acatlán”, de la UNAM (1989-1993), con especialidad en Investigación y Docencia.

A lo largo de dos décadas ininterrumpidas de actividad periodística se ha desempeñado como:

  • Coordinador de corresponsales nacionales y reportero de información general en la revista Proceso (1990-1995)
  • Reportero de asuntos especiales en los diarios El Universal (1996-1998) y Milenio Diario (2000-2001)
  • Reportero y secretario de redacción del suplemento Masiosare, del periódico La Jornada (1998-2000)
  • Editor en jefe del suplemento Enfoque del periódico Reforma (2001-2005)
  • En Reforma formó parte del equipo de Política de la Sección Nacional hasta abril del 2007.
  • Libros: Coautor del libro “La muerte del Cardenal Posadas: ¿un error?”, editado por Planeta (1994).
  • Coautor del libro “Doña Perpetua. El poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo”, editado por Ramdom-House Mondadori (2008)
  • Coordinador del libro “Horas infaustas. El drama del News Divine” (2009).